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Ramsés se representa en
su tumba con su mejor vestimenta y la corona azul. Con su mano
izquierda ofrece a los dioses incienso.
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Hijo de Setnajt,
fue el segundo soberano de la dinastía
XX del Imperio Nuevo.
Desde su subida al trono intentó emular a Ramsés
II. Mantuvo los contactos con el exterior y especialmente con Creta
y también organizó expediciones a las minas de cobre y
turquesa del Sinaí.
Durante su reinado
tuvo que enfrentarse a disturbios internos provocados por la corrupción
y la escasez de alimentos, pero su mayor problema vendría del
exterior. En su segundo año de reinado los libios intentaron
entrar en el Delta, por lo que su reinado no fue pacífico. Tuvo
que realizar su primera campaña militar contra los libios. Hizo
prisioneros, algunos de los cuales fueron empleados como trabajadores
en El-Fayum y el Delta. Estos prisioneros formaron una comunidad que
se adueñó del poder en tiempos de la dinastía XXI.
Además no fueron sus únicos problemas. Otros pueblos nómadas
intentaron asentarse en Egipto tras haber asolada Siria y Palestina.
Intentaron atacar Egipto por tierra y por mar, pero fueron derrotados
tanto por tierra como por mar. Al intentar entrar en el delta el ejercito
del faraón les preparó una trampa. Miles de arqueros les
dispararon desde tierra y desde los barcos, impidiendo así la
invasión. En el año 11 de su reinado los libios volvieron
a atacar y consiguieron llegar hasta Menfis. Ramsés III hizo
prisioneros al jefe y al hijo de éste por lo que pudo dominar
la situación. Sus problemas también llegaban del interior
ya que el visir del Bajo Egipto intento sublevarse y fue destituido.
Al final de su reinado una de las mujeres menores de Ramsés III
se confabuló con otras mujeres del harén y personajes
de la corte para asesinarlo y colocar en el trono a su hijo. Ramsés
III ordenó juzgar a los culpables.
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